Nací de un núcleo de sílex del Cerro del Grajo, en Getafe, y adopté sin buscarlo una forma que recuerda a un escudo.
No fui tallada para parecer un arma ni un adorno, sino que surgí como lasca desprendida en el proceso de trabajar la piedra. Sin embargo, mi silueta compacta, ligeramente ancha en la parte superior y más recogida hacia la base, me dio una identidad propia: la de una pequeña pieza que parece proteger algo. En mí se unen la sencillez de una fractura y la fuerza simbólica de una forma reconocible.
Conservo el color sobrio y terroso del sílex del Grajo, junto con una superficie que no oculta su origen. Soy una pieza contemporánea, nacida de la talla experimental, pero conectada con una memoria mineral y técnica mucho más antigua.
Soy una lasca pequeña, austera y silenciosa, pero con carácter.