En las laderas de La Guardia, sobre los materiales miocenos de la Mesa de Ocaña, quedé atrapada durante millones de años entre sedimentos y rocas carbonatadas, mientras sobre mí cambiaban el clima, el paisaje y las formas de vida.
No tenía corteza ni había visto nunca la luz.
Hasta 2026
Otros golpes tuvieron que ocurrir antes de que pudiera aparecer. Cada lasca que se desprendía eliminaba una parte de la piedra que me separaba del exterior.
Hasta que llegó mi golpe. La fractura atravesó el sílex y me liberó con una forma estrecha, irregular y fui tallada y terminada en punta. Mi superficie blanca es una sección del interior del núcleo: materia que llevaba millones de años oculta.
Ahora llevo un chip a mi espalda.
Fui interior. Un golpe me hizo superficie. Ahora soy memoria.