Nací en la Sierra de Orce, en una tierra donde el tiempo no pasa: se acumula.
Mi cuerpo es pequeño, pero dentro de mí conviven tres tonos distintos, como si la piedra hubiera querido conservar tres memorias en una sola pieza. El blanco domina mi superficie, pero aparecen también sombras grises y una zona más oscura que rompe la uniformidad y me da carácter. No soy una piedra pintada, pero si revelada.
En 2026
Fui tallado a escala mínima, con golpes precisos, buscando una forma que recordara a los antiguos bifaces. Mi filo, mi simetría imperfecta y mi punta no pertenecen a la casualidad, sino a una voluntad de transformación. Soy una pieza contemporánea, pero mi lenguaje viene de muy lejos.
Llevo dentro la estética de lo esencial: poca materia, mucha intención. Mi tricolor no es un adorno, sino la huella visible de una historia geológica compleja, hecha de variaciones, tensiones y fracturas que permanecían ocultas hasta que la talla las sacó a la luz.
Soy un microbifaz de Orce: pequeño en tamaño, antiguo en memoria y triple en identidad.